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lunes, 7 de febrero de 2011

Hablando de Correr - Texto de Antonio Ortí, blog de Martin Fiz

Hablando de Correr – Leerlo, merece la pena
Publicado el Enero 24th, 2011 por martinfiz |
Este texto que ha llegado a mis manos merece la pena leerlo. Escrito por Antonio Ortí. Publicado en la Vanguardia.es.
Texto de Antonio Ortí
Correr es mucho más que llegar a algún sitio. Es demostrarse a uno mismo que progresar diariamente contribuye a acercar cualquier objetivo. Y esto incluye desde acabar un maratón hasta mejorar en el trabajo.
En De qué hablo cuando hablo de correr, el escritor japonés Haruki Marukami explica que realizar repetidamente cualquier acto, por trivial que sea (y pone como ejemplo afeitarse), encierra una filosofía. Murakami empezó a practicar footing casi a diario en 1982, cuando tenía 33 años. En esa época fumaba 60 pitillos al día y pesaba algunos kilos de más. Por si fuera poco, no sentía atracción alguna por el deporte, del que había quedado harto en el colegio, y mucho menos por ideas del tipo: “Venga, salgamos todos a correr y llevemos una vida saludable”.
El caso es que Murakami se apuntó a una carrera de cinco kilómetros y quedó tan prendado del sonido de sus zapatillas sobre el asfalto como lo estaba de Red Hot Chili Peppers. Pero, incluso para él, que ha conseguido domar el lenguaje y escribir novelas tan brillantes y raras como El pájaro que da cuerda al mundo y Kafka en la orilla, sigue siendo un misterio desvelar qué lleva a una persona a sentir la necesidad imperiosa de salir a correr casi a diario. Y esto tanto puede aplicarse a los que corren vigorosamente golpeando con fuerza el suelo y cortando el viento al avanzar, como a los que lo hacen con los hombros caídos, los ojos entornados y resoplando ruidosamente.
La cuestión es que los expertos no acaban de explicarse el constante incremento de personas que participan en maratones y en otras carreras populares. Algunos sostienen que se está volviendo a poner de moda un ideal que predicaban los estoicos: conseguir la paz interior por encima de los acontecimientos externos. Murakami prefiere no ir tan lejos e insinúa que la clave del éxito del running radica en conectar con uno mismo y en sentir la satisfacción de entregarse a fondo.
De hecho, Murakami comenzó a correr cuando decidió dedicarse exclusivamente a escribir, por lo que sus novelas tienen mucho que agradecer a sus piernas. Con todo, el mensaje más importante para quienes no estén demasiado interesados en correr maratones y otras gestas parecidas es que el 90% de las habilidades que difunden los libros de autoayuda se puede aprender en pantalones cortos.
“Entrenarse para correr largas distancias o para cualquier otro deporte que exija mucha fortaleza mental proporciona una serie de valores que luego es posible aplicar en la vida cotidiana: disciplina, constancia, superación, crecimiento personal, saber establecer objetivos a corto, medio y largo plazo, aprender a trabajar bajo presión y a sobreponerse a las adversidades”, explica la psicóloga granadina Patricia Ramírez, que asesora a deportistas de élite y el año pasado ayudó a Gregorio Manzano, por entonces entrenador del RCD Mallorca, a clasificar a su equipo para Europa –aunque luego su gozo acabara en un pozo, como muchos de los personajes de Murakami…–.
Tanto es así que muchas empresas norteamericanas y algunas españolas empiezan a considerar un mérito que tener en cuenta cuando algún candidato incluye en su currículum haber concluido maratones, triatlones o pruebas de gran exigencia física. La moda se inició hace alrededor de diez años con la ascensión al Everest y llevó a algunos directivos a pagar hasta 10.000 dólares por contratar a sherpas que les ayudaran en su objetivo.
Juan Carlos Cubeiro, coautor, junto con Leonor Gallardo, de Liderazgo Guardiola, El mundial de la Roja y Liderazgo, empresa y deporte –algunos de ellos best sellers–, está de acuerdo con Patricia Ramírez y todavía añade más. “En la actualidad, hay muchas personas con unos conocimientos estimables que no desarrollan sus habilidades. Por eso, cada vez son más importantes experiencias extracurriculares. A igualdad de aptitud, la actitud marca la diferencia”, señala este profesor de Esade y de la Universidad de Deusto cuya trayectoria como consultor incluye a más del 80% de las 500 mayores empresas españolas (han leído bien).
Jorge Ricard, partner de Heidrick & Struggles, una de las empresas de head hunters más importantes del mundo, corrobora que correr maratones y, en general, practicar deporte cotiza al alza en las empresas de recursos humanos, “con la excepción, si se quiere, de tener un buen handicap en el golf, ya que suele ser sinónimo de que la persona en cuestión dedica a ello la mayor parte de su tiempo”.
Al igual que Cubeiro, Jorge Ricard considera que las personas que completan maratones “tienen una buena base para conseguir los objetivos que se proponen y para afrontar las dificultades que se puedan presentar”, aunque la primera condición de todo ejecutivo sea su formación y, si se quiere, su experiencia. Con todo, admite que el momento económico actual exige “directivos maratonianos y personas disponibles y dispuestas, que se planteen el éxito como una meta lejana que implica sortear obstáculos”.
De hecho, en los últimos años algunos psicólogos deportivos han descrito los beneficios específicos del running. Para Rodrigo Cauas, “los motivos que posee una persona para dedicarse a correr maratones, medias maratones o cualquier otra distancia no siempre se relacionan con sentirse saludable o bajar de peso”. En ocasiones, salir a correr tiene que ver con reducir los síntomas de la depresión o el estrés, aumentar la autoestima y meditar los problemas que plantea la vida diaria en ese “tiempo muerto, lejos del foco de conflicto”, escribe este psicólogo chileno que ha acuñado conceptos tan curiosos como exitismo o nikefobia (término tomado de la diosa griega del éxito, llamada Nike, y que podría traducirse como miedo a dejar de triunfar) en la columna que escribe en el diario La Nación.
Así pues, tal vez de lo que habla Murakami cuando habla de correr es de que el running es una filosofía de vida cuyo principal mantra se encuentra en los versos de Machado: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”.
La vida como una carrera de fondo
Siraj Bechich, director de la escuela de coaching CoachSi, propone aplicar cinco principios para extrapolar los valores del running a otras parcelas de la vida.
1. Correr es la mejor escuela para fortalecer la voluntad.
2. Una carrera de muchos kilómetros siempre comienza con un primer paso. Con independencia de que la meta sea encontrar pareja o buscar trabajo, lo básico es ponerse en movimiento.
3. Cuando se ha recorrido parte del camino conviene volver la vista atrás para celebrar lo conseguido.
4. En el transcurso de un maratón (deportivo o de la vida) siempre hay que salvar algún muro. Cuando se topa con él, hay que elegir entre aflojar el ritmo o reponer fuerzas para salvar ese obstáculo. Abandonar nunca es una opción.
5. Al superar un desafío se abren las puertas del siguiente. La cuestión es seguir evolucionando y recordar que más importante que llegar a la meta es disfrutar del camino.

jueves, 3 de febrero de 2011

Emil Zátopek





Ningún fondista ha logrado alcanzar a Emil Zátopek, oro en tres pruebas de larga distancia en los Juegos Olímpicos de Helsinki y fallecido en 2000.

“Hace cincuenta años, el deporte era más puro, tradicional, mientras que hoy todo es más bien un gran espectáculo. Yo no estoy en contra, es una evolución natural” cuenta Dana Zátopková, una lanzadora de jabalina que vivió el auge de los Juegos Olímpicos después de la II Guerra Mundial.
Por entonces, era una de las atletas estrellas y vivió de cerca el ascenso hacia la leyenda de Emil Zátopek, el único atleta que ha conseguido el oro en las pruebas de 5.000, 10.000 metros y maratón en la misma edición olímpica (Helsinki 1952). El recuerdo es muy vívido porque Emil fue su esposo y compañero de competiciones y este lunes se cumplen diez años de su muerte.

Sin embargo, el constante movimiento y renovación de los héroes del deporte actual parece haber sepultado la memoria del héroe checo que sobrevivió a las tropas alemanas que atravesaron los bosques de Moravia, la II Guerra Mundial y a los blindados soviéticos que bajaron el telón de acero con la firmeza de las armas ante su oposición. Antes, Zátopek había sobrevivido como trabajador de una fábrica de zapatos en la que comenzó a competir porque le gustó el aplauso de sus compañeros en una prueba local de la empresa.
“La mayoría de la gente no se acuerda de él” afirma el veterano maratoniano Chema Martínez.” Ahora los jóvenes tienen muchas cosas que ver y desgraciadamente, a pesar de que les inculco que lean la historia de Owens o Zátopek , la mayoría viven más la realidad del día a día” asume el representante español Miguel Ángel Mostaza.
Sólo sus compatriotas y los fondistas parecen recordar a aquel desgarbado que corría “como si llevara un cuchillo clavado en la nuca” con sus llamativas zapatillas rojas (suministradas por sus compañeros obreros de manera clandestina).
En los años 50 se convirtió en la estrella mundial del atletismo que sustituía a Paavo Nurmi y en España le pudieron disfrutar algunos privilegiados en el ‘cross’ de Lasarte en 1958 tras superar los obstáculos burocráticos de los atletas procedentes de la Europa del Este. “Su palmarés es impresionante, pero su gran aporte fue demostrarle al mundo la capacidad de resistencia del ser humano, romper las barreras que en aquella época parecían imposibles de romper. Además, fue un revolucionario en el concepto de entrenamiento” resume Miguel Ángel Mostaza, quien coincidió con el checoslovaco en algunos de sus últimos campeonatos.
Con sus victorias fue aclamado en Checoslovaquia pero su oposición a la influencia soviética le llevó a perder sus privilegios y a trabajar durante seis años en una mina de uranio. Tras retractarse recuperó sus viajes para repartir por el mundo los relatos apasionados de sus hazañas en cualquiera de los seis idiomas que hablaba mientras el mundo del atletismo sucedía sus homenajes antes de que muriera en 2000.
Sin sucesor
A pesar de los diez años transcurridos, aquel hombre que revolucionó la larga distancia y que ideó nuevos sistemas de entrenamiento conserva su aura legendaria entre los nuevos corredores. Algunos han intentado doblar sus éxitos, pero sólo grandes atletas como Kenenisa Bekele se han acercado (oro en 5.000 y 10.000 metros en Pekín 2008). “Cuando yo me planteé la gesta en Göteborg de hacer 10.000 y el maratón ya dije que, sólo con intentarlo, ya era una pasada y una burrada” explica Chema Martínez de uno de los pocos intentos que se han acercado en los últimos tiempos a la proeza de Zátopek .
Mientras su esposa de 88 años visitará su tumba en Rostov resulta difícil encontrar posibles herederos de ‘la locomotora humana’ en el atletismo actual. “Hoy en día tenemos atletas que se han acercado a lo que hizo Zátopek como Grebeselasi, Bolt (que lo puede conseguir) o El Guerrouj. Se pueden comparar, pero la diferencia es que vivió un atletismo totalmente diferente” reconoce Mostaza. “Lanzarse a una aventura de ser campeón de sólo dos pruebas tan diferentes como la maratón y el 10.000 ya es una locura. Creo que va a ser irrepetible” sentencia Chema Martínez.

Nota de http://team.redolat.com

PD guardo en casa un jarrón de cristal entregado por Emil a la mejor marca de medio fondo durante en torneo zapatilla de oro en Ostrava

Abebe Bikila

El año pasado se cumplio el cincuenta aniversario de una de las proezas más grandes del deporte. En 1960 por primer vez un etíope, un africano, conseguía una medalla de oro en unas Olimpiadas. Abebe Bikila ganó la maratón de Roma rompiendo todos los récords, y lo hizo descalzo. Dos horas, quince minutos, 16 segundos y dos décimas en 42 kilómetros con 195 metros de historia. Nadie sabía su nombre, nadie entendía que hacía allí ese hombre delgado, con aspecto de asceta; aquel hombre era África, que en su renacimiento se mostraba al mundo tal y como era, pobre, pero orgullosa.

Abebe Bikila, hasta entonces un completo desconocido, se convirtió en un héroe para los africanos, en plena efervescencia de sus independencias, y en un revulsivo para occidente, que descubría desconcertado la nueva fuerza del continente negro.
Bikila, nacido en 1932 en un pequeño pueblo de Etiopía, era hijo de un humilde pastor de cabras y no aprendió a leer hasta los 14 años. A los 20 años, se alistó a la Guardia Imperial de Haile Selassie como tantos otros jóvenes etíopes que buscaban un sustento. Hasta entonces, el joven Abebe sólo había corrido de forma esporádica, pero cuentan que un día vio a un grupo de hombres que corrían con camisetas con la palabra Etiopía escrita a la espalda, cuando le dijeron que esos atletas formaban parte del equipo nacional, supo cual era su destino.

Abebe, pasó a formar parte del equipo, aun así, era un diamante en bruto sin descubrir; a pesar de haber alcanzado una relativa popularidad en su país, era un total desconocido en el exterior y ni siquiera fue seleccionado para representar a Etiopía en las Olimpiadas de Roma en 1960. El azar quiso que uno de los atletas se lesionara en un partido de fútbol y Abebe fue convocado tan repentinamente que el avión con destino a la Ciudad Eterna tuvo que esperar por él.


El día de la gran prueba, Abebe Bikila, que ya tenía 28 años, se calzó las zapatillas Adidas con las que debía correr, pero no se sintió cómodo con ellas, lejos de desanimarse, Bikila decidió que correría por las calles de Roma como tantas veces lo había hecho, descalzo. Todo el mundo lo miraba estupefacto, ¿quien era aquel hombre sin zapatos?.
Era un día caluroso y la carrera se inició cuando el sol ya caía, los corredores empezaron a marchar a los pies del imponente Arco de Constantino, primero en grupo, luego poco a poco los favoritos, entre ellos el marroquí Rhadi Ben Abdesselam, empezaron a distanciarse del pelotón mientras la luz del día desaparecía y llegaba la noche. Derrepente, aquel fibroso etíope empezó a destacar, su delgado cuerpo avanzaba ante una Roma iluminada, siglos y siglos de historia le contemplaban.
Tras 20 kilómetros de lucha contra su propio cuerpo, Bikila y Abdesselam corrían juntos, en un impresionante duelo por las calles del centro de Roma, un precioso escenario para una batalla que el público seguía emocionado. Los dos atletas corrieron juntos hasta los últimos 500 metros, entonces Abebe avanzó.
Cuando llegó a la meta, con la multitud enloquecida, los aplausos y los flashes, el etiope descalzo, ese esbelto desconocido, no se detuvo y siguió corriendo hasta llegar al Arco de Constantino; allí estaba su gloria, la de toda su nación, a pocos metros de donde Mussolini había partido con su ejército a la conquista de Etiopía. Cuando se le preguntó porque corría sin zapatillas, Bikila fue consciente del simbolismo de su gesta: “Quería que el mundo supiera que mi país, Etiopía, ha ganado siempre con determinación y heroísmo”, dijo. El pastor de ovejas postró ante sus pies descalzos a la Italia colonial, a los necios que nunca creyeron que un hombre negro pudiera realizar tal proeza. Abebe se convirtió en leyenda, y África enloqueció.
Cuatro años más tarde, esta vez calzado, volvió a ganar el oro en la maratón de las Olimpiadas de Tokio batiendo de nuevo la plusmarca mundial con 2 horas 12 minutos 11 segundos. Parecía que su estrella no se iba a acabar nunca, y sin embargo lo hizo.
El declive del atleta más grande de la historia africana empezó en 1968, durante las Olimpiadas de México, la falta de oxígeno sumado a una lesión, le obligaron a abandonar en el kilómetro 17, su carrera se fue subida en ambulancia, esa fue la última vez que se le vio correr.
La diosa de la fortuna es caprichosa, unas veces te da la gloria y cuando menos te lo esperas te la arranca de un zarpazo. Un año después de abandonar en México, Bikila conducía su coche cuando perdió el control al tratar de esquivar una protesta estudiantil. El corredor quedó parapléjico, así de cruel puede ser la fortuna.
Resignado, Bikila aceptó su desgracia: “Los hombres de éxito conocen la tragedia. Fue la voluntad de Dios que ganase los Juegos Olímpicos, y fue la voluntad de Dios que tuviera mi accidente. Acepto esas victorias y acepto esta tragedia. Tengo que aceptar ambas circunstancias como hechos de la vida y vivir feliz”, dijo entonces.
Cinco años más tarde, el 23 de Octubre de 1973, Abebe Bikila moría a causa de una hemorragia cerebral provocada por complicaciones debidas al accidente, tenía tan sólo 41 años. 65.000 personas acudieron a despedir al más grande de sus héroes nacionales.
El corredor de maratones etíope Haile Gebrselassie, escribió sobre la importancia del corredor algo hermoso: “Bikila hizo que nosotros, los africanos pensáramos: ‘Mira, él es uno de nosotros, si él puede hacerlo, nosotros podemos hacer lo mismo’”. El corredor descalzó sigue corriendo en las mentes de los africanos.
fuente: La Vanguardia

Garmin Forerunner 210 HRM


Garmin Forerunner 210 HRM

El Garmin Forerunner 210 (hermano pequeño del 410) es un reloj con GPS y pulsómetro para correr. Después de haberlo visto en funcionamiento y toquetearlo, definitivamente me gusta más que el 410 porque es más pequeño, más ligero (52 gramos), es compatible con podómetros Garmin para utilizarlos en la cinta o en interiores donde el GPS no va a funcionar, tiene botones en vez de la rueda táctil y es más barato. Por supuesto incorpora contador de vueltas o kms con información específica de ritmos, descarga en el ordenador, análisis, GPS HotFix (muy importante), pulsómetro por cinta, etc… Respecto al 410 le faltan algunas cosas como la transferencia inalámbrica, competición contra trayectos anteriores, alertas y algún detalle más.

Running Team Parque Mugica





Migueles Team en parque Mugica
martes y jueves 8;30

El grupo esta abierto a todo los niveles de corredores, en el mismo conviven atletas aficionados con corredores de elite.

Trabajamos mucho en la técnica de carrera en cada entrenamiento.

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