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domingo, 26 de agosto de 2012

El team en los 15 km came


viernes, 8 de junio de 2012

Premisas para ser un buen entrenador de niños y adolescentesDr. Ariel Muñiz Sanabria




En la actualidad al intentar clasificar a los entrenadores de niños y adolescentes surgen dos categorías: Entrenadores de Desarrollo y Administradores de Cargas.
    El entrenador de desarrollo considera al deporte como una oportunidad pedagógica, por ello además de instruir incide en la educación de los atletas; para él lo más importante es el sujeto no la finalidad de ascenso laboral y reconocimiento que los resultados deportivos de sus atletas puedan provocarle, y menos cuando son producto del sacrificio del placer que requiere la práctica deportiva para los niños y adolescentes. El entrenador de desarrollo respeta al individuo a partir de su desarrollo biológico y psicológico, y por sobre todas las cosas sus necesidades y motivaciones a la practica deportiva; este tipo de entrenador es el que además de poder formar un campeón alcanza por siempre el respeto, cariño y admiración de sus discípulos.
    El entrenador administrador de cargas es el que por encima de todo le interesa mejorar el rendimiento de los atletas aunque para ello tenga que desconsiderar las características biológicas y psicológicas de la edad, es el que pone en segundo plano la motivación en las sesiones de entrenamiento, para priorizar el estricto y monótono cumplimiento de los contenidos seleccionados; se interesa esencialmente en la victoria competitiva a cualquier precio, su concentración está más en el resultado competitivo que en la propia mejoría del atleta, es el que le importa mucho más una medalla en una competición, que la apropiada formación del niño o adolescente para la aspiración de un rendimiento élite en las edades correspondiente a la etapa de perfeccionamiento profundo.
    La principal diferencia entre los entrenadores de desarrollo y los entrenadores administradores de cargas, es que los primeros imprimen un carácter más humanista y científico al proceso de entrenamiento y los segundos atentan desmedidamente al futuro atlético de los niños y adolescentes; son Exterminadores de Talentos.
    Este autor, a partir de su experiencia de entrenador con niños (1996-1999) determinó su Código del Éxito para una Sesión de Entrenamiento en la aspiración de consagrarse como un Entrenador de Desarrollo, este código se agrupa en el siguiente decálogo:
  1. Percibir antes y durante la clase que es lo que más desean y/o necesitan los atletas ese día en cuanto a desenvolvimiento emocional y corporal
  2. Evitar la imposición de un objetivo o contenido, mejor convencer, persuadir de una o mil maneras a los atletas de la importancia de los mismos
  3. Provocar la creatividad y libre desenvolvimiento en los ejercicios durante la clase respetando las individualidades psicológicas, intelectuales y motoras de los atletas
  4. Dar a los discípulos durante la clase la posibilidad de sentirse profesores, de saberse conocedores de su deporte
  5. Cuando no están cumpliendo correctamente con los ejercicios no buscar la responsabilidad absoluta en ellos, sino analizar inmediatamente la metodología de la enseñanza y del trabajo en todos los aspectos. No olvidar que el equivocado siempre es el profesor no el alumno
  6. Evitar la irritación porque los alumnos estén desconcentrados o indisciplinados en la clase, mejor acudir a los dos recursos eficientes para mejorar la participación de ellos en las actividades: incrementar mi participación activa en las mismas o, aumentar la esencia lúdicra de las tareas orientadas
  7. En los ejercicios que exigen de elevada manifestación de las cualidades volitivas, lo primero es estimular la conciencia del atleta, hacerle ver la importancia de los mismos
  8. Evitar llamar la atención de forma crítica y hacerlo más incentivando la ejercitación del discípulo; ejemplo, es preferible decirle: ¡salta! o, ¡realiza con más fuerza el movimiento de los brazos!, a decirle, ¿por qué lo estás haciendo de esa manera?, ¡hazlo como yo lo orienté!
  9. Comprender a los niños, las características de su edad, participar también de sus chistes, bromas y ocurrencias durante la clase, tener siempre despierto al niño que se lleva adentro
  10. Concentrarme en enseñar para que ellos se concentren en aprender.
    Al definir al buen entrenador en dos palabras, bastan: maestro y amigo.
    Maestro es el que instruye, motiva durante sus clases, educa contribuyendo a la mejor conducta personal y, lógicamente quien desde una posición científica se enfrenta a las dificultades del proceso acumulando de cada reto sus experiencias y vivencias para enriquecer continuamente el proceso docente. Y para todo ello ha de ser el entrenador una persona de constante espíritu de superación. El buen amigo es quien siempre tiene un consejo dulce y brinda su apoyo incondicional y constante.
    El buen entrenador debe conocerse a sí mismo y los intereses que lo motivan en su profesión, debe esclarecerse de sus deficiencias y potencialidades en las cuales apoyarse para la mejor proyección durante el proceso de preparación.
    Un entrenador que sea incapaz o escaso en el reconocimiento de sus cualidades, estará en desventaja con los retos tan difíciles que impone el desarrollo integral del atleta. Hay que considerar por siempre que el atleta -y más cuando es niño o adolescente- necesita de un espejo donde valorar sus logros o aspiraciones, las cuales pueden hacerse más sólidas si percibe que su guía (entrenador) es alguien en quien confiar y admirar, dado precisamente por su capacidad y sabiduría, es decir, una buena filosofía para enfrentar el reto de la enseñanza deportiva.
     Quien en su vida personal intente ser sabio, en el entrenamiento siempre estará alerta a tomar una sabia decisión para la educación e instrucción de sus atletas; quien en su vida personal disfrute del sacrificio y constancia para conquistar una meta, en el entrenamiento vencerá los fracasos que suceden durante la sesión y/o las competencias; quien en su vida personal tenga espíritu de victoria y no admita con conformidad un fracaso por falta de capacidad de resolución, en el deporte no admitirá que sus discípulos no alcancen los objetivos que entre ambos se trazaron. Y no es que se trate de vencer en una competencia, sino también de conquistar un nivel superior de ejecución en los movimientos, un centímetro más en el salto, o una décima menos en la carrera, o también más seguridad y disciplina como atleta.
    La apropiada filosofía del entrenador de niños y adolescentes conlleva a que él aunque tenga veinte, treinta, cuarenta, cincuenta o más años lleve dentro de sí siempre un niño despierto que acepte y contribuya al despliegue de las fantasías de los que están bajo su orientación. Un entrenador de niños y adolescentes no debe -menos que cualquier entrenador de otro nivel- trasladar sus frustraciones o aspiraciones ansiosas a los discípulos, como suele suceder con aquellos que desearon ser grandes campeones. Es incorrecto inculcarle a los niños y adolescentes la ansiosa conducta de vencer como el objetivo primario del proceso de entrenamiento, la idea ha de ser enseñarlos a luchar contra sus deficiencias y que sean capaces de superarse a sí mismo; entonces la victoria será una consecuencia no la causa de la relación Atleta-Entrenador.
    Y surge la pregunta: ¿Cómo concebir el éxito en el proceso de entrenamiento con niños y adolescentes?
    He aquí donde se impone la revisión de la posición filosófica de los entrenadores ante el proceso de entrenamiento con niños y adolescentes, pues no debe resumirse la categoría éxito a un destacado lugar en las competencias, sino que debe integrarse en la concepción del entrenador aspectos tan determinantes como: el aprendizaje de las habilidades deportivas, desarrollo de las cualidades volitivas, la corrección de malos hábitos que atentan contra el desarrollo de la personalidad de sujeto, así como en materia de resultado la mejoría de una temporada a otra.
    Una cuestión primordial en el entrenamiento con los niños y adolescentes es la determinación de las cargas, las cuales encuentran en la conducta del entrenador una dirección justa, equilibrada y eficiente, o por el contrario son de perjuicio a la estabilidad emocional y desarrollo físico motor de los practicantes.
     Específicamente la filosofía en la aplicación de las cargas determina la cantidad y calidad de las mismas. De la filosofía que se tenga puede o no incurrirse en una de las cuestiones que más se teme en el deporte: La Violencia.
    Este es un rasgo de los Entrenadores Administradores de Cargas, la cual tiene las variantes verbal, física y la física motriz.
  • Violencia Verbal: Se grita y habla a los atletas con un lenguaje que contiene palabras agresivas, constituye un acto de abuso de poder y prepotencia. El niño nunca o casi nunca aceptará el reto de violencia, unas por miedo, otras por respeto, otras por saber que sus probabilidades de derrota en una discusión con el entrenador son de 99 a 1.
  • Violencia Física: A veces no basta con el uso inadecuado del habla, sino que se golpea, en ocasiones sin distinción de sexo, ni edad, ni medio familiar en que se desenvuelve el niño; se olvidan que hay quienes por la hostilidad hogareña en que crecen, más que maltrato necesitan en el profesor alguien que los colme de cariño en una medida superior.
  • Violencia Física Motriz: Es tal vez la más inconsciente, pero no por ello libre de daños y traumas motrices y psicológicos, se manifiesta con la aplicación de cargas de entrenamiento mal dosificadas, donde lo planificado está muy por encima de las posibilidades de los atletas, y además se presiona para su cumplimiento. El ansia campeonista de los entrenadores y también la deficiente preparación los hace aplicar volúmenes e intensidades no justificados para la edad, irrespetándose las características biológicas y psicológicas de los discípulos. A los entrenadores que con frecuencia pecan en esta posición también merecen ser llamados los "DESTRUCTORES", pues atentan contra el desarrollo del talento.
    El disfrute de la difícil tarea de entrenar niños y adolescentes llevó a este autor a encontrar la respuesta a la siguiente pregunta:
    ¿Cómo les gusta a los niños y adolescentes que los entrenadores interpreten las categorías filosóficas durante el proceso de entrenamiento?
Movimiento: "Enséñame a ejecutar los movimientos deportivos cada vez con más precisión y fluidez"
Tiempo: "No se apure en que yo lo haga todo bien de momento, lo que importa es que cada día, poco a poco, pueda ir venciendo nuevas metas y entonces cuando pasen muchas horas de entrenamiento, días, semanas, usted verá que valió la pena tener paciencia".
Espacio: "En una pista, un estadio o simplemente un terreno grande o pequeño donde quepamos usted y yo podemos desarrollar la mejor clase del mundo y, podemos ser felices y aprender, y ser usted el mejor profesor y yo el mejor alumno"
Calidad: "El conocimiento que me imparta, la explicación que me ofrezca, la corrección que me haga, la falta que me corrija, por favor, hágalo siempre de la mejor manera"
Cantidad: "Aunque entrenemos para ganar, aunque su deseo al igual que el mío es ser campeón, mi cuerpo y mi mente requieren los ejercicios y esfuerzo necesarios, ni más ni menos"
Contradicción: "Usted es una persona, yo soy otra; usted es un joven o adulto, yo soy un niño o adolescente; usted selecciona las cargas, yo las recibo; usted trata de enseñarme, yo trato de aprender; si no nos entendemos en algún momento reconozca su error o hágame entender que estoy equivocado. Al final habremos aprendido los dos"
Necesidad: "Yo quiero que me quieran, y necesito quererlo y respetarlo, déme esa oportunidad. Si práctico deportes es porque quiero la oportunidad de probarme y sentirme fuerte física y mentalmente, por favor no me la niegue"
Posibilidad: "Ambos la tenemos, usted para ser mejor entrenador y persona, yo para crecer en la vida con más hermosura en mi pecho, principios y convicciones. Nuestros errores pueden ser la fuente mayor de nuestro enriquecimiento personal"
Realidad: "Todo lo que hacemos tiene un fin, primero hallémoslo y convenzámonos de que es el mejor, luego obtendremos el fruto"
Causa y Efecto: "Si aprendo las técnicas deportivas bien, es porque me las enseño bien; si no las aprendo como usted quisiera, es porque no me las ha enseñado como debiera ser; si me lesiono es porque hubo sobre exigencia, o nos faltó tratamiento profiláctico; y si algún día dejo de entrenar con usted para ir donde otro profesor, tal vez no me convenció o simplemente algo faltó para que en vez de dos fuéramos uno en dos: ATLETA-ENTRENADOR"
    Para ser un Entrenador de Desarrollo hay que comprender que:
  • Nada es tan gratificante como compartir una sesión de trabajo con niños.
  • En una sesión de entrenamiento con niños se conquista el sabor del espíritu
  • Los niños nos enseñan a querer y a ser mejores personas
  • Ellos no tienen culpa de sus defectos y limitaciones motoras o psicológicas que les impida un mejor aprendizaje y desarrollo atlético
  • Pueden existir niños con menos potencialidades pero con más deseos, ellos también tienen el derecho a luchar por ser atletas destacados
  • El entrenador se equivoca constantemente lo importante está en saberse equivocado cuando en verdad no haya obrado bien
  • El mayor reto para un entrenador es lograr grandes cosas en el orden físico, técnico, psicológico en aquellos donde es más difícil
  • Es muy, pero muy difícil, llegar a ser merecedor del calificativo de BUEN ENTRENADOR.
¡INTÉNTELO!

lunes, 21 de mayo de 2012

Grandes corredores

Sierra ventana


miércoles, 9 de mayo de 2012

Acerca del entrenamiento de la fuerza y los deportes de resistencia, por Raúl Amil


Acerca del entrenamiento de la fuerza y los deportes de resistencia

Creo poder afirmar que la fuerza es una cualidad menospreciada por los deportistas de resistencia (maratonistas, triatletas, corredores de aventura, etc.). Es poco habitual que estos atletas sigan planes de entrenamiento en los cuales esté incluido el desarrollo de esta cualidad. A lo largo de esta nota trataré de resaltar la importancia multidimensional de la fuerza muscular en estos deportes y las razones de su inclusión en toda planificación.

Los deportistas de este tipo de disciplinas privilegian el desarrollo de la resistencia por sobre las demás cualidades (fuerza, velocidad y flexibilidad), por el impacto que tiene esta en el rendimiento en las diferentes especialidades aeróbicas. Esto es correcto desde un punto de vista conceptual y práctico, y mantiene coherencia con el Principio de Especificidad: la respuesta es específica al estímulo. En otras palabras, entrenando la resistencia, mejoraremos la resistencia.

Por otra parte, el desarrollo de la fuerza y en especial el que se realiza en el gimnasio (dado que por ejemplo entrenar cuestas también es un trabajo de fuerza), no ha tenido buena prensa. Existe un razonable temor a desarrollar masa muscular (hipertrofia), con la consiguiente ganancia de peso y a que “las pesas te pongan lento”. Estas creencias tienen alguna conexión con la realidad ya que un trabajo de gimnasio mal planificado, y/o no alineado con nuestros objetivos puede hacer más mal que bien. Asimismo es difícil encontrar quien tenga experiencia en trabajos de fuerza para deportistas de resistencia. Suelen verse, en el mejor de los casos, planes “inocuos” del tipo “muchas repeticiones con poco peso” plagados de ejercicios monoarticulares que no tienen ninguna transferencia al gesto deportivo.
Sumado a esto, siempre se asoció al gimnasio como algo reservado para deportistas dedicados a especialidades donde esta cualidad es un factor clave de éxito, como lanzadores, luchadores, pesistas, velocistas, etc.

Como resultado de lo anterior, es común ver deportistas de resistencia con marcados déficit de fuerza, el cual suele manifestarse de diferentes maneras: performances debajo del potencial, gestos técnicos incorrectos, deformaciones posturales, lesiones, etc. Cabe aclarar que varias de las formas en las que se expresa dicho déficit son interdependientes (por ejemplo, un gesto técnico realizado de manera incorrecta disminuye nuestra performance potencial y puede conducir a una lesión). Un caso particular de lo mencionado anteriormente son los desbalanceos musculares (déficit de fuerza relativo entre agonistas y antagonistas), fenómeno habitualmente apreciable en los corredores de larga distancia, quienes suelen poseer cuadriceps débiles (grupo muscular situado en la parte anterior del muslo) con respecto a los isquiotibiales (grupo muscular situado en la parte posterior del muslo).



Fuerza, equilibrio y economía

Según Leopold Busquet, el cuerpo humano obedece a tres leyes: la del equilibrio, la de la economía y la del confort (no dolor). En el desplazamiento, el atleta tratará de conservar el equilibrio (aunque se trata de un equilibrio dinámico), dando prioridad al no dolor. Para ello, dice Busquet, hará “trampas”, con modificaciones gestuales, disminuciones de movilidad y adaptaciones defensivas, todas ellas en detrimento de la economía, que le harán recuperar el confort. Perder economía para cualquier deportista de resistencia es resignar una cualidad distintiva de estas disciplinas, y que objetivamente se puede expresar como que porcentaje de VO2max utilizamos ante una misma velocidad de desplazamiento (las diferencias de economía, explican en parte las diferencias de performance en atletas con el mismo VO2max).

Fuerza y velocidad

La velocidad de ejecución de cualquier gesto deportivo tiene una relación directa con la fuerza aplicada. Esto está reflejado en la primera Ley de Newton, la cual expresa que la aceleración (variación de la velocidad) que experimenta un cuerpo es directamente proporcional a la resultante de las fuerzas que actúan sobre él. Dicho de otra forma, para aumentar la velocidad de un cuerpo es necesario aumentar la intensidad de la fuerza aplicada sobre él.

Fuerza y resistencia

Existe una interesante correlación entre fuerza y resistencia. Si bien por las adaptaciones funcionales y morfológicas que cada una implica (conversión de un tipo de fibras en otro, aumento o disminución de la densidad capilar, aumento o disminución de la cantidad de mitocondrias, etc.), fuerza máxima y resistencia se oponen mutuamente, un trabajo de fuerza correctamente orientado puede mejorar la resistencia sin necesidad de aumentar el VO2max.
Existe evidencia científica (Hickson et al, 1980, Hickson et al ,1988) de la mejora del rendimiento en pruebas de resistencia (ciclismo y carrera a pié) luego de un entrenamiento de fuerza. Este tipo de mejora se atribuye a cambios en el patrón de reclutamiento de las fibras lentas (ST) y rápidas (FT). Esto se puede explicar brevemente de la siguiente forma: luego del trabajo de fuerza, fibras ST aumentan el tiempo de agotamiento por la consiguiente elevación de su pico de tensión máxima (para la misma carga absoluta, trabajan a un porcentaje menor de su máxima capacidad). Esto originará que se postergue el reclutamiento de las fibras FT, las cuales tienen baja resistencia a la fatiga. Estas evidencias se correlacionan y podrían explicar los hallazgos de otros estudios (Marcinik et al, 1991) en los que se detectaron elevaciones en el umbral de lactato luego de realizar entrenamientos de fuerza.

Algunas características que debería tener un trabajo de fuerza para un deportista de resistencia

  • Que sea adecuado al nivel del deportista y a su etapa de desarrollo

  • Que esté dirigido hacia la prueba objetivo

  • Que se realice según la siguiente secuencia:
1)    Estabilización de las articulaciones - Corrección de desbalanceos
2)    Desarrollo de la fuerza general
3)    Desarrollo de la fuerza específica

  • Que plantee objetivos a corto, mediano y largo plazo

  • Que siga la misma periodización que tiene el plan de resistencia (Período preparatorio, período competitivo y período de transición)

  • Que siga el Principio de Progresión, que en palabras de Bosco se puede expresar: “el único modo de desarrollar la fuerza muscular es someter a los músculos a ejercicios de resistencia progresivamente crecientes”

  • Que respete los microciclos de carga y descarga del plan de resistencia. Esto permite manejar mejor la fatiga psíquica, la del sistema nervioso y la del sistema endocrino

  • Que prevea una correcta y dirigida valoración de la fuerza y el monitoreo de los progresos

  • Que esté compuesto por ejercicios coordinativos y de potencia (cargadas, arranques, segundo tiempo), ejercicios básicos (sentadillas profundas, press de pecho, dominadas, peso muerto, fuerza estricta), trabajo de zona media (abdominales, espinales), ejercicios accesorios (generalmente monoarticulares para estabilizar o compensar) y ejercicios de transferencia (saltos, lanzamientos)

  • Que sean ejecutados con alto grado de calidad técnica (para lo cual es imprescindible la supervisión de un experto), ya que los errores de este tipo nos pueden lesionar en una sola repetición

  • Que se realice con una frecuencia mínima de 2 veces por semana



Para finalizar, me gustaría mencionar algunos de los beneficios adicionales que se pueden obtener al hacer un plan de fuerza que cumpla los requisitos mencionados:

  • Mejora del sostén articular y por lo tanto de la capacidad de absorber impactos

  • Aumento de la densidad ósea (prevención de la osteoporosis en las mujeres)

  • Mejora del gesto técnico por mejora en la coordinación intermuscular

  • Mejora de la fuerza sin hipertrofia por mejora en los factores nerviosos (reclutamiento y sincronización)

  • Incremento de los niveles basales y en la liberación de hormona de crecimiento (somatotropina), con los consiguientes beneficios:

    • Aumento de la síntesis proteica (efecto anabólico)
    • Reducción en la utilización de proteínas (efecto anticatabólico)
    • Estimulación del crecimiento de los cartílagos
    • Mejora en la utilización de los lípidos como combustible (con el consiguiente ahorro de glucógeno)

  • Mejoras posturales

Bibliografía utilizada y recomendada

BOSCO, C. Fuerza Muscular, Aspectos Metodológicos. Editorial INDE, 2000
GONZALEZ BADILLO, J., GOROSTIAGA AYESTARAN, E. Fundamentos del Entrenamiento de la Fuerza. Editorial INDE, 2002
BUSQUET, L. Las Cadenas Musculares. Editorial Paidotribo, 2004
COMETTI, G. Los Métodos Modernos de Musculación. Editorial Paidotribo, 2005

Raúl Amil
raul.ronin@gmail

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